Los Helados de la Mami

LOS HELADOS DE LA MAMI

La mujer detrás de cada helado
el comiento

AÑOS 50

Nuestra historia empieza con un carrito de helados y un chaval de diecisiete años. José Cabello llegó a Barbate desde Archidona en los años cincuenta para trabajar en el carrito de su tío. Aquí, en este pueblo, conoció a Antonia Parejo, venida de Antequera. Se enamoraron, y juntos decidieron que aquel oficio dulce podía ser una vida.
En 1953 abrieron su primera heladería en la Avenida del Mar. Es, todavía hoy, una de las heladerías más antiguas de Barbate. Y sigue en el mismo sitio.

la mami

Antonia fue mucho más que la esposa del fundador: fue la primera maestra heladera de la familia, la que puso a punto cada receta y la que marcó para siempre cómo se hacían las cosas en esta casa.
En la familia la llamábamos la Mami. Y la Mami no entendía de prisas ni de atajos. Cuentan —porque es verdad— que si a medianoche se acababa el helado de chocolate, ella misma bajaba al obrador a hacer más. Para que al día siguiente no faltara. Esa exigencia, esa manera de no conformarse, es lo que probáis hoy en cada tarrina.

UNA TRADICIÓN QUE CONTINÚA

EL ORIGEN

Pusimos su nombre a la heladería porque todo lo que somos viene de ella.

Los Helados de la Mami es nuestra forma de seguir teniéndola cerca, de hacer las cosas como ella las hacía y de que quien entre por la puerta pruebe, sin saberlo, un poco de Antonia.

LA ACTUALIDAD

De aquel carrito y aquella primera heladería nació toda una saga. Durante décadas, la familia llenó de sabor el verano de Barbate: vainilla, fresa, chocolate y nata para aliviar el calor.
Hoy, al frente de la heladería original está Paola, nieta de Antonia y José. No es nueva en esto: lleva más de veinte años aquí, desde que con dieciséis empezó a echar los veranos en el mostrador. Aprendió el oficio al lado de su madre y conserva sus recetas tal cual las recibió.
Y la familia sigue entera en el proyecto: en el obrador, en la atención al público y hasta en lo más pequeño. El logotipo que ves en nuestra puerta lo diseñó Antonio José, el más joven de la casa, con apenas doce años.